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Question Description

HOLA ESTE ACTICULO NECESITO QUE SE DEJE LLEVAR POR LA RUBRICA

Acta.colomb.psicol. 18 (1): 125-134, 2015 http://www.dx.doi.org/10.14718/ACP.2015.18.1.12

FACTORES PROTECTORES DE LA DEPRESIÓN EN UNA MUESTRA DE ADULTOS MAYORES EN PUERTO RICO: AUTOEFICACIA, ESCOLARIDAD Y OTRAS VARIABLES SOCIO-DEMOGRÁFICAS

José A. Serra Taylor1* , Carol Y. Irizarry-Robles11Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, San Juan, Puerto Rico

Recibido, diciembre 20/2013
Concepto de evaluación, noviembre 28/2014 Aceptado, diciembre 30/2014

Referencia: Serra-Taylor, J., & Irizarry-Robles, C. Y. (2015). Factores protectores de la depresión en una muestra de adultos mayores en Puerto Rico: autoe cacia, escolaridad y otras variables socio- demográ cas. Acta Colombiana de Psicología,18(1), 125-134. DOI: 10.14718/ACP.2015.18.1.12

Resumen

El objetivo de esta investigación descriptiva-correlacional fue evaluar la relación entre autoe cacia, escolaridad y síntomas depresivos para identi car factores protectores de la depresión en una muestra de personas de edad avanzada de la población de Puerto Rico. Además, se examinaron otras variables sociodemográ cas como el estado civil, con quién residen y el sexo, en relación con la autoe cacia y los síntomas depresivos. Se seleccionaron por disponibilidad 45 participantes con edades entre 60 y 86 años (M=69; DE=7.37). Los instrumentos utilizados fueron la Escala Autoevaluativa de la Depresión de Zung (1965) y la Escala de Autoe cacia General de Baessler y Schwarcer (1996). La hipótesis planteó que, a mayor autoe cacia y escolaridad, menor sería el nivel de los síntomas depresivos en una muestra de adultos mayores de Puerto Rico. Los análisis estadísticos incluyeron pruebas t y los Coe cientes de Correlación de Pearson y de Regresión Múltiple. Se encontraron diferencias estadísticamente signi cativas para la autoe cacia y la escolaridad entre quienes no presentaban depresión y los que presentaban depresión moderada o severa. Además, se encontraron mayores niveles de depresión y menores niveles de autoe cacia en quienes habían enviudado. Los resultados sugieren que altos niveles de escolaridad y autoe cacia son factores protectores de la depresión en los adultos mayores, mientras que la viudez es un factor de riesgo para la depresión.

Palabras clave: depresión, autoe cacia, escolaridad, adultos mayores.

PROTECTIVE FACTORS FOR DEPRESSION IN AN ELDERLY SAMPLE OF PUERTO RICO: SELF-EFFICACY, EDUCATIONAL LEVEL AND OTHER SOCIO-DEMOGRAPHIC VARIABLES

Abstract

The aim of this descriptive-correlational study was to assess the relationship between self-ef cacy, educational level and depressive symptoms in order to identify protective factors for depression in a sample of elderly people in Puerto Rico. Other socio-demographic variables such as marital status, living arrangements, and sex were examined in relation to self-ef cacy and depressive symptoms. The selected sample consisted of 45 participants ranging in age from 60 to 86 years old (M=69; SD=7.37). Measures employed included the Zung Self-Rating Depression Scale (1965) and the Baessler and Schwarcer’s General Self-Ef cacy Scale (1996). The hypothesis stated that the level of depressive symptoms would be lower when there is higher self-ef cacy and higher educational level in a sample of Puerto Rican elderly people. Statistical analysis included t tests, the Pearson Correlation Coef cient and Multiple Regression Coef cient. Statistically signi cant differences for self- ef cacy and educational level were found between those who did not show depressive symptoms and those with moderate to severe depression. In addition, higher levels of depression and lower levels of self-ef cacy were found in those who had widowed. Results suggest that high levels of education and self-ef cacy are protective factors for depression in elderly people, while widowhood is a risk factor for depression.

Key words: depression, self-ef cacy, educational level, elderly

* Departamento de Consejería para el Desarrollo Estudiantil. PO Box 23137 San Juan, Puerto Rico 00931-3137. Tel jo: (787) 764-0000 ext. 86500. jose.serra@upr.edu

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JOSÉ A. SERRA TAYLOR, CAROL Y. IRIZARRY-ROBLES

FATORES PROTETORES DA DEPRESSÃO EM UMA MOSTRA

DE ADULTOS MAIORES EM PORTO RICO: AUTO EFICÁCIA, ESCOLARIDADE E OUTRAS VARIÁVEIS SÓCIO DEMOGRÁFICAS

Resumo

O objetivo desta pesquisa descritiva-correlacional foi avaliar a relação entre auto e cácia, escolaridade e síntomas depressivos para identi car fatores protetores da depressão em uma mostra de pessoas de idade avançada da população de Porto Rico. Além disso, foram examinadas outras variáveis sócio demográ cas como o estado civil, com quem residem e o sexo, com relação à auto e cácia e os sintomas depressivos. Selecionaram-se por disponibilidade 45 participantes com idades entre 60 e 86 anos (M=69; DE=7.37). Os instrumentos utilizados foram a Escala Auto-avaliativa da Depressão de Zung (1965) e a Escala de Auto e cácia Geral de Baessler e Schwarcer (1996). A hipótese propôs que, a maior auto e cácia e escolaridade, menor seria o nível dos sintomas depressivos em uma mostra de adultos maiores de Porto Rico. As análises estatísticas incluíram testes t e os Coe cientes de Correlação de Pearson e de Regressão Múltipla. Foram encontradas diferenças estatisticamente signi cativas para a auto e cácia e a escolaridade entre os que não apresentavam depressão e os que apresentavam depressão moderada ou severa. Além disso encontraram-se maiores níveis de depressão e menores níveis de auto e cácia nos que haviam enviuvado. Os resultados sugerem que altos níveis de escolaridade e auto e cácia são fatores protetores da depressão nos adultos maiores, enquanto que a viuvez é um fator de risco para depressão.

Palavras chave: depressão, auto eficácia, escolaridade, adultos maiores

INTRODUCCIÓN

A medida que las personas avanzan en edad, ocurren cambios a nivel biológico, psicológico y social. En la vejez suceden eventos vitales que pueden afectar el bienestar de la persona de edad avanzada, como cambio de residencia, retiro o jubilación y la muerte de la pareja y otros seres que- ridos. Estos cambios suelen implicar un mayor aislamiento social y una disminución de la energía, la movilidad y las funciones sensorio-motoras (Vázquez & Lozoya, 1994). A su vez, las personas pueden tener actitudes negativas hacia el envejecimiento, debido a la construcción social de la vejez como una etapa de sufrimiento, soledad y pérdidas (Cerquera Córdoba & Meléndez Merchán, 2010). A nivel biológico, las personas mayores presentan más enfermedades y cambios en la absorción de medicamentos que pueden di cultar los tratamientos (Peña-Solano, Herazo-Dilson, & Calvo-Gómez, 2009).

Varios investigadores han destacado que los síntomas somáticos y los sentimientos de inutilidad, el pesimismo, la fatiga, pérdida de interés y las alteraciones del sueño son frecuentes en los adultos mayores (Riquelme Marín, Buendía Vidal, & Ruíz Hernández, 2004). Entre los rasgos diferenciales de la depresión en el adulto mayor se destacan episodios depresivos más prolongados y resistentes al tra- tamiento, una mayor frecuencia de agitación, irritabilidad, ansiedad, somatizaciones, hipocondría, pérdida de apetito, y una mayor tendencia a la letargia y formas enmascaradas de la depresión (Calvo Piernagorda, 2008; Ferrey, Le Goues, & Bobes, 1994). Otros rasgos observados han sido insomnio más intenso, disminución de los rendimientos cognitivos

y mayor riesgo de suicidio (Alsina & Rodríguez, 1995; Peña-Solano et al., 2009).

La depresión en los adultos mayores es un problema de salud pública de gran magnitud y uno de los problemas psiquiátricos más comunes en esta población (Fernández Fernández et al., 2006). Sin embargo, los estudios sobre prevalencia de la depresión en los adultos mayores varían en parte por la variedad de edades utilizadas para de nir al adulto mayor. Además, ha habido diversidad de parti- cipantes como residenciados, ingresados y ambulatorios, y variabilidad de instrumentos utilizados y estudios según los diferentes subtipos de diagnóstico de depresión (Calvo Piernagorda, 2008).

La prevalencia de depresión en los asilos de ancianos es muy elevada, pero existe una gran dispersión de datos -entre el 14% y el 70%- debido en parte a la heterogeneidad de los centros (Riquelme Marín et al., 2004). En general, los estudios sobre adultos mayores señalan que la depresión es más frecuente en las mujeres, en quienes viven solos, son solteros o han enviudado, carecen de estudios, pade- cen patología física, presentan mayor deterioro cognitivo y estresores psicosociales, tienen peor percepción de su calidad de vida, y peor salud general (Fernández Fernández et al., 2006; Goel, Muzammil, Kumar, Singh, & Raghav, 2014; Peña-Solano et al., 2009; Sözeri-Varma, 2012; Yaka, Keskinoglu, Ucku, Yener, & Tunca, 2014; Zeng, North, & Kent, 2012).

Investigaciones en Puerto Rico han demostrado que la depresión es la cuarta enfermedad prevaleciente en la población de adultos mayores con un 19.7%, antecedida por la diabetes, la artritis y la presión arterial alta (Palloni,

FACTORES PROTECTORES DE LA DEPRESIÓN EN ADULTOS MAYORES 127

Sánchez-Ayéndez, & Dávila, 2003). Se ha estimado que los síntomas depresivos son más frecuentes en las mujeres, y que el 15% de la población puertorriqueña sobre los 65 años de edad presenta síntomas depresivos, mientras que la prevalencia de depresión en la población general es menor, con un 4.3% (Colón de Martí, Guzmán Yunqué, & Guevara-Ramos, 1997). Algunos estudios realizados en Puerto Rico han encontrado hasta un 20.0% de sin- tomatología depresiva en personas mayores de 65 años (Martínez, Guiot, Casas-Dolz, González-Tejera, & Colón De Martí, 2003), mientras que otros han documentado el diagnóstico de depresión en el 26.9% de una muestra de personas entre 60 y 64 años de edad (Palloni et al., 2003). Los estudios han encontrado principalmente los siguientes síntomas: retardación psicomotora, confusión, anhedonia y problemas para dormir (Colón de Martí et al., 1997; Martínez et al., 2003).

Es necesario considerar que existe una elevada depre- sión sub-sindromática en los adultos mayores, ya que la literatura ha resaltado la importancia de la comorbilidad, el deterioro cognitivo y los acontecimientos vitales asociados al envejecimiento, así como otras problemáticas que di – cultan el diagnóstico de la depresión en la vejez. Vázquez y Lozoya (1994) a rman que muchos de los síntomas típicos de la depresión son compatibles con los cambios naturales que aparecen con la edad. No obstante, el confundir sínto- mas o el presumir que los síntomas son ocasionados por la vejez puede ser problemático ya que muchos adultos mayores pueden no estar recibiendo el diagnóstico y tratamiento adecuados.

Menos de la mitad de las personas de edad avanzada con trastorno de depresión mayor en centros de cuidado son diagnosticadas y tratadas (Gellis, McGinty, Horowitz, Bruce, & Misener, 2007). Riquelme Marín et al. (2004) hallaron que al 71% de los ancianos deprimidos no se les identi ca esta condición por parte de su médico y sólo del 3% al 14% reciben algún tipo de tratamiento. Estas di cultades para el diagnóstico de la depresión en los adultos mayores con frecuencia se deben a que los sínto- mas depresivos que aparecen en estos están íntimamente unidos a otros trastornos físicos y/o psiquiátricos y al uso de medicamentos, lo cual facilita un ocultamiento de los síntomas depresivos y di culta el diagnóstico (Aktaş et al., 2013; Riquelme Marín et al., 2004). Por otra parte, se ha observado que las personas que trabajan en los hogares de cuidado frecuentemente no reconocen la depresión en los adultos mayores (Brown, Kaiser, & Gellis, 2007). Un estudio encontró que, al evaluar síntomas clásicos de depresión, los/las participantes atribuyeron los síntomas a depresión si quien los sufría era una persona joven, mientras que cuando fueron presentados por una persona de edad

avanzada, los/las participantes atribuyeron los síntomas depresivos a la edad (Ruppel, Jenkins, Grif n, & Kizer, 2010). Estos estereotipos contribuyen a que la depresión en las personas de edad avanzada no sea diagnosticada y a que estas personas no reciban tratamiento.

Al mismo tiempo, la literatura cientí ca ha sido con- sistente al señalar que la depresión en el adulto mayor empobrece su calidad de vida y disminuye su expectativa de vida, por lo que es importante reconocerla a tiempo. Esto implica que un diagnóstico adecuado y temprano es importante porque permite la implantación de un trata- miento, al cual pueden responder bien aunque tome más tiempo (Ferrey et al., 1994; Peña-Solano et al., 2009). Por ello, es importante conocer no sólo los factores de riesgo, sino también los factores protectores contra la depresión.

Varios estudios sugieren que la autoe cacia ejerce una in uencia poderosa en las personas y la han identi cado como un predictor y reductor signi cativo de síntomas de- presivos (Gonyea, O’Connor, Carruth, & Boyle, 2005; Lin, Liu, & Jang, 2014; Weng, Dai, Huang, & Chiang, 2008). La autoe cacia se re ere a las creencias y a la percepción del individuo sobre sus capacidades, con base en lo cual organiza y ejecuta sus actos (Bandura, 1997, 2004). La teoría de autoe cacia de Bandura a rma que aquellos individuos con mayor autoe cacia tendrán más probabilidad de iniciar y persistir en una actividad. Las valoraciones adecuadas de la autoe cacia permiten a la persona no solo ejecutar sus actos, sino también establecer relaciones sociales saludables. Los hallazgos de estudios apoyan esto al observar que los ancianos con altas expectativas de autoe cacia participan con mayor intensidad en actividades físicas y recreativas (Feldberg & Stefani, 2007; Resnick & Nigg, 2003).

Cuando las personas con escasa autoe cacia enfren- tan situaciones difíciles, sus creencias y pensamientos pesimistas intervienen generando temor, sensaciones de estrés, ansiedad y síntomas depresivos, mientras que las personas que creen poder manejar situaciones difíciles, no se mantienen pensando en estas situaciones de forma pesimista y sienten menos temor (Ribeiro & Santos, 2015; Visschedijk, van Balen, Hertogh, & Achterberg, 2013; Zeng et al., 2012). Las creencias de autoe cacia pueden transformar cognitivamente las situaciones que parecen ser amenazantes en situaciones manejables (Ribeiro & San- tos, 2015; van Jaarsveld, Ranchor, Sanderman, Ormel, & Kempen, 2005). Sin embargo, los patrones de pensamiento negativo, factor relacionado con la depresión, trabajan en sentido contrario al reducir la autoe cacia (Zeng et al., 2012). Como consecuencia, las personas construyen o interpretan sus circunstancias de forma negativa aun cuando existen interpretaciones positivas, lo cual puede, a su vez, conducir a síntomas depresivos (Zeng et al., 2012). De hecho, los

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pacientes que tienen una autoe cacia más alta, presentan menos síntomas depresivos y un mejor ajuste (Gonyea et al., 2005; van Jaarsveld et al., 2005; Weng et al., 2008).

La percepción de los estados emocionales y sioló- gicos también in uye en la valoración de la autoe cacia. En las actividades que implican fuerza y persistencia, las personas juzgan sus reacciones de estrés, fatiga, dolores y molestias como señales de debilidad física (Ewart, 1992). Asimismo, el estado de ánimo es importante ya que un estado de ánimo positivo fomenta una mayor autoe cacia (Kanavagh & Bower, 1985).

Por otra parte, existen otras variables que podrían estar relacionadas con la autoe cacia y los síntomas depresivos como son la escolaridad, el estado civil, y el estatus de con- vivencia o con quien vive la persona (solo/a, con esposo/a, o con familiares). Algunos estudios han encontrado que las personas que poseen un nivel de escolaridad más alto tienen más autoe cacia (Campos & Pérez, 2007; Hoogendijk et al., 2014) y menos síntomas depresivos (Aktaş et al., 2013; Cañongo-León, Acosta-Castillo, Sosa-Ortiz, & Prince, 2011; Estrada et al., 2013; Şahin Onat, Ünsal Delialioğlu, & Uçar, 2014; Teixeira, Vasconcelos-Raposo, Fernandes, & Brustad, 2013; Yaka et al., 2014). Mientras que el vivir solo o sin pareja, así como el haber enviudado han sido aso- ciados a síntomas depresivos más altos (Cerquera Córdoba & Meléndez Merchán, 2010; Chan, Malhotra, Malhotra, & Ostbye, 2011; Goel et al., 2014; Schaan, 2013).

La literatura consultada resalta la in uencia signi cativa de las creencias de e cacia en los síntomas depresivos. Sin embargo, a pesar de que la depresión es la cuarta enfer- medad prevaleciente en la población de adultos mayores puertorriqueños, no se ha estudiado el rol de las creencias de autoe cacia y de algunas variables socio-demográ cas como factores protectores para reducir la incidencia de sín- tomas depresivos en esta población. Por ello, el objetivo de esta investigación fue evaluar la relación entre autoe cacia, la escolaridad y los síntomas depresivos para identi car factores protectores de la depresión en una muestra de personas de edad avanzada de la población de Puerto Rico. Como objetivo secundario, se examinaron otras variables sociodemográ cas como el estado civil, con quién residen y el sexo en relación a la autoe cacia y los síntomas de- presivos. La hipótesis de esta investigación planteó que, a mayor autoe cacia y escolaridad, menor sería el nivel de los síntomas depresivos o deterioro en el estado de ánimo en una muestra de adultos mayores de Puerto Rico.

MÉTODO

Participantes

Se seleccionaron por disponibilidad 45 participantes cuyas edades uctuaban entre los 60 y los 86 años, con una edad promedio de 69 años. Treinta participantes (66.7%) eran mujeres y 15 (33.3%) hombres. Los/las participantes no eran residentes del área metropolitana de San Juan, Puerto Rico. El 57.8% residían en zona rural y 42.2% en zona urbana.

Instrumentos

Se construyó una planilla para recoger datos sociodemo- grá cos. Se utilizaron dos instrumentos estandarizados para medir depresión y autoe cacia: la Escala Autoevaluativa de la Depresión de Zung (1965) y la Escala de Autoe cacia General (Baessler & Schwarcer, 1996; Sanjuán Suárez, Pérez García, & Bermúdez Moreno, 2000).

La Escala Autoevaluativa de la Depresión de Zung (1965), es una escala auto-administrada que consta de 20 premisas relacionadas con la depresión, de las cuales la mitad está formulada en términos positivos y la otra mitad en términos negativos. La persona cuanti ca la frecuencia de los síntomas, no la intensidad, utilizando una escala Likert de 4 puntos, que va desde 1 (raramente o nunca) hasta 4 (casi todo el tiempo o siempre). Las propiedades psicométricas indican que su índice de con abilidad alfa (α) de Cronbach uctúa entre 0.79 y 0.92; su validez y con abilidad es similar para personas de edad avanzada y personas adultas más jóvenes, y comparable con instru- mentos como el Inventario de Depresión de Beck (Kok, 1994). La Escala Autoevaluativa de la Depresión de Zung ha sido validada para poblaciones latinas (Campo-Arias, Díaz-Martínez, Rueda-Jaimes, Cadena, & Hernández, 2006) y utilizada para medir síntomas depresivos en colombianos y puertorriqueños (Aldana Olarte & Pedraza Marín, 2012; Colón de Martí et al., 1997; Martínez et al., 2003; Torres & Posada, 1993). Este instrumento se carac- teriza por ser de fácil administración y altamente sensible para identi car síntomas de depresión (Martínez et al., 2003). Para la interpretación de los resultados se utilizaron los siguientes criterios: menos de 50 puntos, sin depresión; entre 50 y 59, con síntomas leves; entre 60 y 69, con sín- tomas moderados; y mayor de 69, con síntomas severos. Estos puntos de corte han sido aplicados anteriormente a la población puertorriqueña (Martínez et al., 2003).

FACTORES PROTECTORES DE LA DEPRESIÓN EN ADULTOS MAYORES 129

La Escala de Autoe cacia General (Baessler & Schwarcer, 1996; Sanjuán Suárez et al., 2000), consta de 10 ítems con una escala Likert de 4 opciones (1= incorrecto, 2= apenas cierto, 3= más bien cierto, 4= cierto). Las puntuaciones oscilan entre 10 y 40 puntos. El coe ciente de consistencia interna alfa (α) de Cronbach es .81.

Procedimiento

Esta investigación utilizó un diseño transversal de una celda y comprendió los siguientes pasos: primero, los/las participantes fueron visitados en sus casas; segundo, a cada participante se le leyó el consentimiento informado y se le solicitó que rmara el mismo, en caso de que quisiera participar en la investigación; tercero, a aquéllos que rma- ron, se les entregaron los instrumentos de recopilación de datos; cuarto, se les leyeron los reactivos a quienes tuvieron di cultad para leer y completar los instrumentos; y quinto, los/las participantes entregaron a los investigadores los instrumentos diligenciados en un sobre.

RESULTADOS

Los datos se analizaron empleando la aplicación SPSS, versión 21.0, y se utilizaron frecuencias relativas y abso- lutas, media aritmética, pruebas t y los Coe cientes de Correlación de Pearson y de Regresión.

El 51.1% de los/as participantes estaba casado, 26.7% viudo, 17.8% divorciado y el 4.4% soltero. El 95.6% tenía algún grado de escolaridad; de este porcentaje, el 46.5% había completado la primaria; el 30.2% llegó a la escuela intermedia; el 9.3% a la escuela superior, y el 14.0% a la universidad. La mayoría de las mujeres (58.6%) había

completado estudios primarios, alcanzando en promedio el grado 6, mientras que la mayor parte de los hombres (42.9%) había completado estudios de escuela intermedia, alcanzando el grado 9 como promedio. Solo un 3.4% de las mujeres terminó estudios de escuela superior, en compara- ción con el 21.4% de los hombres. El 46.5% residía con sus parejas, el 30.2% con familiares y el 23.3% residía solo.

El análisis de la variable Nivel de Síntomas Depresivos, encontró que el 35.6% presentaba síntomas de depresión leve, 28.9% tenía problemas de depresión moderada y 4.4% depresión severa. Los síntomas más frecuentes fueron sentimientos de inutilidad (42.9%), intranquilidad (38.6%), di cultad para hacer las cosas (31.8%) y di cultad para tomar decisiones (31.7). El 62.5% de estos participantes tenía una percepción de autoe cacia entre moderada y baja. El promedio de autoe cacia entre los que presentaron depresión moderada o severa fue de 26.7 (DE=8.8) y su escolaridad promedio era del grado 6 (DE=4.0). De los que no presentaron síntomas depresivos, el 69.4% obtuvo un nivel alto de autoe cacia con un promedio de 34.2 (DE=6.8). La escolaridad del 42.9% incluía estudios universitarios y el nivel escolar promedio era el grado 10 (DE=5.5). Según se aprecia en la tabla 1, las pruebas t revelaron diferencias estadísticamente signi cativas en Autoe cacia (t (26) = 2.493, p = .019 y Escolaridad t (25) = 2.142, p = .040) entre los/las participantes que presentaron sintomatología depresiva moderada o severa y los que no presentaron sintomatología depresiva.

La prueba de correlación realizada (véase Tabla 2), reveló que existe una correlación signi cativa entre la variable Autoe cacia y las variables Escolaridad y Nivel

Tabla 1.
Pruebas t, medias y desviación estándar en escolaridad y autoe cacia de las personas con depresión moderada o severa y las que no presentaron síntomas depresivos.

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Variables

Autoe cacia

Escolaridad

Sin Depresión

M DE

34.2 6.8

9.8 5.5

Con Depresión Moderada o Severa

M DE

26.7 8.7

5.9 4.0

t

2.493**

2.166*

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Tabla 2.
Correlaciones entre las variables autoe cacia, escolaridad y síntomas depresivos

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Escolaridad

Autoe cacia

Autoe cacia

.436**

—

Síntomas Depresivos

-.359*

-.385**

Nota. El estadígrafo utilizado fue la Prueba de Correlación de Pearson (n = 45). El nivel de signi cancia estadística utilizado fue el siguiente: *p < .05 y **p < .01.

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de Síntomas Depresivos, así como una correlación signi- cativa entre las variables Nivel de Síntomas Depresivos y Escolaridad.

El coe ciente de regresión en la prueba de regresión múltiple fue R= 0.433 y R2 = 0.187 (véase Tabla 3). Esto implica que la Autoe cacia y la Escolaridad son variables predictoras y explican el 19.0% de la varianza de cambio en los Síntomas Depresivos.

Los análisis de otras variables sociodemográ cas en- contraron diferencias signi cativas, excepto en el Nivel de Síntomas Depresivos por sexo. Las mujeres presentaron más síntomas depresivos, aunque esta diferencia no fue estadísticamente signi cativa. Se observó una diferencia signi cativa por sexo en la variable Autoe cacia donde los hombres obtuvieron un nivel más alto. En cuanto a estatus civil, las personas casadas y las divorciadas presentaron menos síntomas depresivos que las solteras y las viudas, mientras que las casadas obtuvieron el nivel más alto de autoe cacia seguidas por las solteras. Las personas que habían enviudado obtuvieron los peores resultados en ambas variables. No se realizaron análisis por sexo entre quienes enviudaron, ya que el 91.7% eran féminas. Respecto a con quién residen, se compararon las personas que vivían solas, con su cónyuge, o con familiares. Las que vivían con familiares mostraron los niveles más bajos de autoe cacia, siendo esta diferencia estadísticamente signi cativa. Aun- que también presentaron los niveles más altos de síntomas depresivos, la diferencia no fue signi cativa. Quienes vivían con su cónyuge obtuvieron los niveles más bajos de síntomas depresivos y los más altos de autoe cacia. No se observaron diferencias por zona de residencia (rural o urbana) en cuanto a autoe cacia y síntomas depresivos.

DISCUSIÓN

El objetivo principal de esta investigación fue evaluar la autoe cacia, la escolaridad y otras variables sociode- mográ cas como factores protectores de la depresión en una muestra de adultos mayores de la población de Puerto Rico. Los resultados indican que el 68.9% de los/las participantes presentaba algún tipo de sintomatología depresiva, donde uno de cada tres adultos mayores (33.3%) presentó síntomas de depresión moderada o severa. Estos porcentajes son superiores a los reportados en los estudios de Martínez et al. (2003), Colón de Martí et al. (1997), y Palloni et al. (2003). La diferencia en porcentajes se puede deber al tamaño de la muestra, la variabilidad de instrumentos y el lugar de reclutamiento. Se planteó la hipótesis de que a mayor autoe cacia y escolaridad, menor sería el nivel de los síntomas depresivos en la muestra de adultos mayores. Los datos obtenidos indican que se acepta la hipótesis, ya que el Coe ciente de Correlación de Pearson demostró ser signi cativo en la correlación entre las variables Autoe cacia, Escolaridad y Nivel de Síntomas Depresivos. El 19% de la varianza en los síntomas depresivos se relacionó con la autoe cacia y escolaridad, lo cual con rma la relevancia de dichas variables protectoras para disminuir la posibilidad de síntomas depresivos en esta muestra.

Las personas con mayor escolaridad demostraron un nivel más alto de autoe cacia y un nivel más bajo de sín- tomas depresivos. Esto implica que las personas con mayor escolaridad poseen niveles más altos de autoe cacia, lo que reduce la posibilidad de depresión en la muestra. Este hallazgo concurre con los estudios que han encontrado que una mayor escolaridad está asociada a una mayor autoe cacia

Tabla 3.
Análisis de regresión múltiple de la escolaridad y la autoe cacia como factores protectores de los síntomas depresivos

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Síntomas depresivos

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6.8

Modelo 1 B

54.634**

-.362*

.140

6.675*

Modelo 2

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Variable

Constante

Autoe cacia

Escolaridad

R2

F

B

54.474**

-.260

-.418

.187

4.608*

95% IC

[45.476, 63.472]

[-.570, .050]

[-.971, .136]

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Nota. n = 45. IC = Intervalo de con anza. *p < .05. **p< .01.

FACTORES PROTECTORES DE LA DEPRESIÓN EN ADULTOS MAYORES 131

y menores síntomas depresivos (Campos & Pérez, 2007; Cañongo-León et al., 2011; Hoogendijk et al., 2014; Şahin Onat et al., 2014; Teixeira et al., 2013; Yaka et al., 2014). Ello puntualiza la importancia de fomentar la educación, no solo para un país más productivo, sino también para una futura generación más saludable de adultos mayores.

Los resultados de esta investigación concuerdan con los hallazgos de estudios (Gonyea et al., 2005; Lin et al., 2014; Weng et al., 2008) en los cuales se destaca que la autoe cacia ejerce una in uencia poderosa y es un factor predictor en los síntomas depresivos, de manera que, a me- dida que aumenta la autoe cacia, disminuyen los síntomas depresivos. Algunas investigaciones han destacado que trabajar los procesos cognitivos de las personas mayores y utilizar la revisión de vida, ayuda a disminuir los síntomas depresivos (Moreno-Carrillo & Lopera-Restrepo, 2010; Serrano-Selva, Latorre Postigo, & Montañes Rodríguez, 2005). Asimismo, varios estudios han demostrado que es posible aumentar la autoe cacia, y esta a su vez puede transformar cognitivamente las situaciones y mejorar el estado de ánimo, la salud y la calidad de vida (Bandura, 2004; Blazer, 2002; Jones, Mandy, & Partridge, 2009; Ribeiro & Santos, 2015; Tse, Vong, & Tang, 2013; van Jaarsveld et al., 2005). Los pensamientos negativos son un factor vinculado a la depresión y el control sobre estos es una forma en que las creencias de autoe cacia podrían regular la depresión (Zeng et al., 2012). Los resultados sugieren la posibilidad de trabajar con las creencias de autoe cacia de las personas de edad avanzada para ge- nerar en ellas una mayor autoe cacia y, de esta manera, protegerse contra la depresión. Será necesario realizar estudios en los que se implementen estrategias para aumentar la autoe cacia y evaluar su efectividad en la población mayor puertorriqueña.

En cuanto a las otras variables sociodemográ cas es- tudiadas, las personas viudas presentaron los niveles más bajos de autoe cacia y los más altos de síntomas depresi- vos, mientras que las casadas mostraron los niveles más altos de autoe cacia y uno de los más bajos de síntomas depresivos. Esto sugiere que el tener una pareja parece ser un factor protector contra la depresión; no obstante, esta situación cambia al morir la pareja, ya que aumentan los síntomas depresivos, por lo que la viudez es un factor de riesgo para la depresión (Cerquera Córdoba & Melén- dez Merchán, 2010; Goel et al., 2014; Schaan, 2013). Es importante prestar atención a esta condición, ya que la literatura no sólo ha señalado que la muerte de la pareja en una persona de edad avanzada aumenta los síntomas depresivos, sino que a su vez puede afectar adversamente la salud y aumentar la mortalidad de la pareja sobreviviente (Williams Jr., 2005). Por ello resulta necesario desarrollar

intervenciones dirigidas a los adultos mayores de manera que puedan prepararse mejor para este evento y afrontarlo más efectivamente.

En relación con el sexo, se observó una diferencia esta- dísticamente signi cativa, ya que los hombres presentaron un nivel más alto de autoe cacia que las mujeres. Las mujeres presentaron más síntomas depresivos; no obstan- te, la diferencia no fue signi cativa. Este resultado podría estar relacionado con el hecho de que solo un 6.7% de los hombres había enviudado, en comparación con casi una tercera parte de las mujeres, lo cual puede afectar, tanto la autoe cacia como los síntomas depresivos. Otro factor que podría explicar la diferencia radica en el nivel de escolaridad de los hombres, ya que su escolaridad era más alta que en las mujeres. Por otro lado, es necesario considerar las cons- trucciones sociales relacionadas con el género, las cuales pueden contribuir a que los hombres mayores presenten una mayor autoe cacia y menos síntomas depresivos. En relación con esto, Cerquera Córdoba y Meléndez Merchán (2010) plantean que el varón es conceptualizado como un ser poderoso a quien nada lo puede afectar, por lo que los síntomas se escudan en otras áreas y no se mani estan como comportamientos depresivos. Una cultura machista que enseña que el hombre no llora, cohíbe la expresión de síntomas depresivos, los cuales pudieran manifestarse de otras maneras, como el alcoholismo. En este entorno sociocultural, el llorar y admitir síntomas relacionados con la depresión es interpretado como debilidad e incluso falta de virilidad, por lo que es menos probable que los hombres se permitan expresar o admitir sentimientos de tristeza. De igual forma, la construcción social del hombre que todo lo puede, hace que sea más probable que los adultos mayores presenten una mayor autoe cacia.

Este estudio encontró que los adultos mayores que vi- vían con sus familiares presentaban niveles de autoe cacia signi cativamente más bajos, lo cual podría sugerir que estas personas sienten que no pueden valerse por sí mis- mas o que son una carga física y económica al depender de sus familiares, lo cual puede generar pensamientos de inutilidad (Estrada et al., 2013; Yaka et al., 2014; Zeng et al., 2012). En relación con esto,,es necesario señalar que el 69.2% de los/las participantes que vivía con fami- liares había enviudado, factor que afecta la autoe cacia y la depresión. Por otra parte, más del 50% tenía 70 años o menos, por lo que es probable que aún manifestara cierta autosu ciencia. Los adultos mayores que tienen mayor apoyo social presentan menos síntomas depresivos (Castellano Fuentes, 2014; Chan et al., 2011; Lino, Portela, Camacho, Atie, & Lima, 2013), mientras que los que reportan menos relaciones sociales y actividades físicas favoritas presentan más síntomas depresivos (Timalsina, Sherpa, & Dhakal, 2014),

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por lo que es importante fortalecer los vínculos sociales y proveer actividades de esparcimiento, sobre todo en aquellos que viven solos o han enviudado. Ello no necesariamente signi ca que lo mejor es que los adultos mayores vivan con sus familiares, ya que en algunos casos pueden sentirse como una carga para éstos, y menos autosu cientes. Es posible que un círculo social activo y visitas frecuentes de familiares sean de mayor bene cio para algunas personas mayores que el vivir con sus familiares, en particular para aquellas que aún son autosu cientes. Esto es algo que debe ser evaluado según las preferencias y necesidades de cada adulto mayor. En el caso de aquellos cuya condición requiere que no vivan solos, es necesario proveerles actividades, atención de cali- dad y participación activa en las decisiones, a la vez que se respeta su espacio, de manera que sientan que su opinión y sus sentimientos tienen valor y son importantes.

Entre las intervenciones que se podrían emplear con los adultos mayores se encuentran el implementar programas diri- gidos al aumento en la autoe cacia a través de la identi cación de estrategias para afrontar los obstáculos más efectivamente, como por ejemplo, el compensar limitaciones causadas por enfermedades físicas al aprovechar fortalezas alternas (Blazer, 2002). Si junto con estrategias a nivel social y biológico se enseñan habilidades para aumentar la autoe cacia y controlar los pensamientos negativos como complemento de la revisión de vida, será posible ayudar a prevenir e incluso disminuir síntomas depresivos en los adultos mayores.

Este estudio identi có la viudez como un factor de riesgo para la depresión, por lo que es vital que quienes han enviudado reciban apoyo a nivel familiar, social e institucional durante este difícil proceso. Es necesario que haya un monitoreo para evaluar si la persona sobre- viviente ha desarrollado depresión y necesita psicoterapia o farmacoterapia para ayudarle a lidiar con este evento. El apoyo y la orientación a los familiares es importante para que ayuden a la persona sobreviviente sin que esta se sienta inútil y para que sepan reconocer cuándo la persona sobreviviente necesita otras ayudas. Las políticas públicas deben asegurar que las personas mayores tengan la oportu- nidad de participar de actividades sociales que promuevan el esparcimiento y la confraternización. Asimismo, deben promover el que los centros de cuidado de adultos mayores provean actividades que les ayuden a mantener activos su mente y su cuerpo, a través de ejercicios físicos y juegos; e igualmente estimular el disfrute de los sentidos utilizando la música y otras expresiones de arte, los aromas y sabores.

Al trabajar por el bienestar del adulto mayor, debemos pensar no solamente en la población mayor actual, sino también en las futuras. La política pública debe asegurar que a través de la educación se fomente la autosu ciencia independientemente del sexo de las personas, por ejemplo,

asegurándose de que tanto hombres como mujeres aprendan a cocinar, y que se promueva el que ambos participen de las tareas de limpieza del hogar y de asuntos como el manejo del dinero y la toma de decisiones. Ello facilita el que tanto hombres como mujeres participen de manera equitativa en el hogar y que puedan ser autosu cientes en caso de perder a su pareja. La implementación de este tipo de educación puede ser un gran reto en las culturas latinas, pero no impo- sible. Asimismo, es importante que se atienda la deserción escolar y que las políticas públicas fomenten la equidad en la oportunidad de empleo e ingresos para una futura generación de adultos mayores que se sienta más realizada.

Una limitación de este estudio está relacionada con el hecho de que, aunque el instrumento utilizado ha sido traducido y validado para identi car síntomas depresivos en la población colombiana (Campo et al., 2006), se ha sugerido que pueden existir diferencias culturales con la población puertorriqueña en la interpretación de los enun- ciados (Martínez et al., 2003). Otra limitación está vinculada al pequeño tamaño de la muestra, por lo cual se sugiere realizar estudios con muestras más grandes. A pesar de las limitaciones metodológicas, este trabajo constituye una im- portante aportación, ya que en Puerto Rico se han realizado pocas investigaciones sobre los factores relacionados con la depresión en los adultos mayores. Puntualizamos la im- portancia de prestar atención a esta población que presenta un alto índice de suicidios (Alsina & Rodríguez, 1995; Peña-Solano et al., 2009) y al hecho de que muchos adultos mayores deprimidos no reciben diagnóstico ni tratamiento para la depresión (Brown et al., 2007; Gellis et al., 2007; Riquelme Marín et al., 2004). Existe la necesidad de más estudios epidemiológicos y psiquiátricos con la población de edad avanzada puertorriqueña, así como intervenciones que consideren y trabajen de manera integral los aspectos cognitivos, sociales y biológicos que inciden en el bienestar de la persona de edad avanzada.

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